![]() |
|
Spaces home El cuaderno de Juan Rinc...PhotosProfileFriendsMore ![]() | ![]() |
|
El cuaderno de Juan Rincón.El resto de mi vida
July 06 AVISO DE MUDANZA Me estoy mudando a otro blog mas cómodo, amplio y manejable. Os agradezco las 10.500 visitas a este y os invito a tomar una cervecita virtual en el otro.
July 05 CANTAR CON LAS MANOS. PREMIO AGUSTIN MERELLO SOBRE CADIZ Y SU CARNAVAL AÑO 2007Que a los niños de mi generación nos fascinara de manera casi mística el universo clandestino de las agrupaciones de Carnaval es algo que necesita poca explicación: encontrábamos allí todo un mundo a nuestra medida, una galaxia de secretos en aquellos cuartitos escondidos por el barrio, repartidos por un itinerario hecho de costumbre y afición entre las trastiendas de algunos bares, en locales antiguos, insanos y destartalados que sumaban a su mala ventilación el denso humazo de los cigarrillos que consumían entre copa y copla nuestros héroes, aquellos seres que, como disimulando sus poderes, pululaban desdibujados durante el día entre nosotros y fingían hacer de camareros por los bares o de albañiles miserables o reparaban redes allá por los muelles, indolentes, vacíos, como si no fueran los mismos seres mágicos que por la noche daban vida y voz a criaturas mágicas salidas de la imaginación, del cine o de la mismísima historia y que eran capaces de hacer trenzas tan potentes con las gargantas que hasta las paredes temblaban. Fumadores pasivos y comparsistas en ciernes, nos parecía que los desconchados de la cal que ornaban los tabiques de los cuartos de ensayo, cuyos restos nadie barría durante meses como si hacerlos desaparecer trajera mala suerte, habían sido provocados por antiguos excesos en la voz del “alta” o por los diarios cañonazos de los tenores veteranos durante la repetición infinita del centro del pasodoble, con un director limando “jartible” una a una las voces y las notas. En un rincón, de vez en cuando, aparecía un hombre que no cantaba o que simplemente movía los labios acompañando a los demás, por bajinis, que llevaba un lápiz y un papelito doblado en el que, de vez en cuando pergeñaba apuntes: era “el poeta”, el que les hacía las letras y que también le escribía los chistes a la chirigota que ensayaba dos calles más arriba. Los niños lo mirábamos como un bicho aún más raro e intentábamos encontrar en el fondo de sus retinas, el manantial de aquellos versos que nos aprendíamos como cotorras año tras año, la veta de donde salían las maravillosas rimas consonantes que rebosaban un amor a Cádiz que apenas entendíamos pero que en la invernada se nos iba pegando a la piel como la sal y el sol en el verano. Y luego, a medida que se acercaba Febrero, los cuartos se iban llenando de nervios, de cuchicheos que no se nos dejaba escuchar, planes de ataque para el Falla que no debían caer en nuestros oídos, no fuera que el cuento, la sorpresa, le llegara al invisible enemigo de tres esquinas más allá antes que se estrenara en las tablas. Pero al fin, el día del ensayo general con el local elegido totalmente abarrotado por los amigos y la familia del grupo, el director siempre hacía un hueco en el suelo, en primera fila para agradecer la fidelidad de esos niños que les habían acompañado noche a noche, tan tarde como se nos permitía y a veces más, para penuria y dolor de nuestras orejas. Si para nosotros era un mundo fascinante y mágico, para Héctor era simplemente el paraíso, Utopía, el lugar de los sueños inalcanzables. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros soñaba algún día con estar en la primera fila de la comparsa rizando el filo del pasodoble con engarces o llevando el compás de todo el grupo con aquella maza, enorme para nuestras manos pueriles, que acariciábamos en cuanto el del bombo la descuidaba en algún rincón; los más virtuosos soñaban con emular algún día el preciosismo del punteo o el baqueteo a veces discreto , a veces solista, de la caja y yo esperaba que las musas del carnaval me tocaran con la misma mirada perdida y brillante que una vez crucé con el poeta cuando me atreví a sugerir – y a errar - una rima mejor para la segunda cuarteta. Pero a Héctor, no: esos sueños de tablas y sones le estaban prohibidos de nacimiento. Era el primero en llegar y nunca abandonaba el cuartito si no venían a llevárselo. Los demás – Paco, Emilio, yo mismo - alternábamos la calle y las diarias luchas con el imaginario florete con la escucha atenta de los ensayos. Pero él, día tras día, se sentaba en la esquina derecha de la pequeña y desvencijada tarima que hacía las veces de escenario antes de que llegara el director y sólo se movía de allí para mear o, ya entrada la noche, de retirada forzosa. Las más de las veces, el bombista lo llamaba a la parte de atrás y le permitía poner su manita sobre el pellejo. A Héctor le cambiaba la cara porque así podía sentir la música a través de su vibración. Si no era así, pegaba resignado las manos y el culo a la madera del suelo y los ojos en los labios del director para leer la nueva letra que los componentes de la comparsa aún mascarían cuando mi amigo ya se sabría de memoria y balbucearía con ese monocorde y átono soniquete con el que intentaba cantar para desesperación de todos y en particular de... -¿Quién puñetas está cantando?- gruñía el director parando el ensayo y mirándonos. Y aunque nadie lo señalaba, sabíamos que era él que, con los ojos bajos seguía a lo suyo hasta que percibía en las manos la interrupción y, levantando la vista, tropezaba sonriente con la cara del airado. Pero los años también pasan por encima de los sueños y los pantalones largos llegaron para Héctor y los demás con desigual fortuna: Emilio punteó durante años en juveniles hasta que le llamaron los mayores y allí se encontró con Pacote que ejercía de tenor aunque a veces le dejaban hacer “ cositas por arriba”. Yo insistía en tocarle las narices a las musas de febrero y había escrito para alguna chirigota local con más voluntad que chispa pero a Héctor el final de la adolescencia había terminado por desterrarlo de los cuartos de ensayo: ya no era el chiquillo “mudo” gracioso que había sido y ya ni quería ni le dejaban sentarse en el suelo de madera ni seguir la melodía por la vibración del bombo. Los viejos comparsistas se sentían violentos con aquel mocetón mirándoles fijamente a los labios y Héctor, que sólo era sordo para las palabras que se dicen en alto, leyó en sus rostros el mensaje de que ya no era visto con agrado en los lugares mágicos de su infancia. Y los abandonó con dolor. Pero Momo, que al fin y al cabo, es un dios menor y nunca abandona a los suyos, preparó raudo la estrategia que uniría a los antiguos mosqueteros del Barrio Alto en un proyecto común. Y un día, en el mismo cuartito de ensayo que nos recibió de infantes, con los mismos desconchones resistiendo en sus paredes, Emilio, Pacote y yo dábamos vueltas a la idea de poner sobre las tablas una comparsa basada en el cuadro de los fusilamientos del Tres de Mayo cuando, como en un Pentecostés profano, una lengua de fuego en forma de serpentina se posó sobre nuestras cabezas ... - ¿... y si llamamos a Héctor para hacer del sordo, de Goya? - dije yo sintiéndome iluminado. Héctor fue la primera persona sorda – nunca fue ni estuvo mudo – que cantó con las manos en el coliseo gaditano. Pintó nuestras coplas en el pentagrama del aire y el público de Cádiz, tan sabio a veces, le correspondió con el aplauso más peculiar que nunca vio el gallinero, con un bosque de manos que agitó el teatro removiendo el silencio espeso que envolvía a mi amigo. Aquella función, Héctor desembarcó en las tablas del Falla con la misma fuerza con la que Armstrong pisó la Luna, treinta años antes. Aquella noche, la del 29 de Enero de 1999, el mundo de muchas personas se hizo más grande descubriendo un continente, el de las personas sordas, al que aún no había llegado la voz clara de la copla en libertad. El resto ya es historia del Carnaval de Cádiz.
Ven a esta terra un barquiño. PREMIO AGUSTIN MERELLO SOBRE CADIZ Y SU CARNAVAL AÑO 2006
Vén a esta terra un barquiño... Por Juan Rincón.
Vén a esta terra un barquiño.
El Vaporcito baraja su marcha de El Puerto.
Y el asunto era que cuando llegaban los aires de Febrero y la lluvia fría de aquellas costas se hacía como de hielo, y los vientos que peleaban en la Costa da Morte repartían borrascas a diestro y siniestro, la derrota Sur-Suroeste que, como un borriquillo terco, mantenía el Adriano III durante todo el año, se hacía más patente y obligaba al patrón a no despegar las manos del pequeño timón pues de hacerlo, el barquito blanco empezaba a virar y a buscar mar abierto con la proa hacia el sur. “Cabezota – le reñía entre dientes- ¿quieres olvidarte xa de Cádiz? Alí xa no te querían e si no te xegan a traer aquí hubieras terminado en o desguace o , con sorte , en una rotonda de calquera avenida. Aquí polo menos navegas aunque sea de orilla de orilla da ría. Aquí naciches e aquí morrirás. Alí, meu vaporciño, sólo servías ya para salir as coplas....” Pero no había caso. La querencia nostálgica, la morriña del barco le agotaba los brazos y la riña telepática, imaginaria, que le ocupaba durante toda la jornada le había llevado casi a comprender la irracional necesidad del Vaporcito de echarse a navegar en busca de la bahía que fue su hogar durante más de tres cuartos de siglo. En el bar del puerto donde paraba a tomar unos vinos después de cada jornada, hacía tiempo que ya no escuchaban sus cuitas y que lo tomaban por mal marinero, por un poeta chalado cuando contaba casos de los que había ido viviendo desde que hacía cinco años se había hecho cargo de pilotar la motonave que entonces recién retornaba de Cádiz. Pero lo cierto es que tanto los cobradores como los motoristas dejaban el trabajo cada pocos meses siempre buscando destinos mejor pagados y con menos sobresaltos y sólo él, el patrón, había permanecido un lustro en el puesto y llevaba un inventario más o menos lírico de las extravagancias de la nave. Cada Febrero, mientras los escasos pasajeros dormitaban calientes en la camareta de popa, el patrón veía , a veces, como los barcos de vela vacilaban al acercarse y , de pronto, se convertían en pequeñas palomas blancas que volaban alrededor de la nave durante unos minutos tras los cuales volvían a su ser cuando la estela del Adriano se alejaba; los pesqueros de la zona trocaban en grandes mercantes de tránsito imposible por aquellas aguas y , durante unos minutos que parecían interminables, acompañaban el trayecto del barquito haciendo sonar a su paso sus formidables sirenas. En esos momentos, las aguas bravas y grises de la ría se hacían verdes y las olas semejaban tener curvas de mujer y el ruido que hacían al romperse contra la quilla le parecía - ¡que chaladura de metáfora! - un murmullo de besos. Pero si esas manifestaciones ocurrían sólo a los ojos del patrón, había otras que - pensaba él- debía ser patentes y notorias para todas las poblaciones cercanas a su singladura. Por ejemplo , la potente sirena con la que durante toda su vida había marcado el ritmo del tiempo en Cádiz y , últimamente , en la ría, con su atronador “ ¡PAAAAAAAAA, PAAAAAAAA!” para los cuartos y “¡PAAAAAAAAA, PAAAAAAAA, PAAAAAAA!” para las horas en punto, en cuanto se caía del calendario la hoja de enero, parecía perder la reciedumbre de años , y después de acusar gallos durante un par de días , empezaba a anunciar las salidas con un ¡¡¡PAPARAPAAAAAAAAA!!! chirigotero que ningún mecánico, ni ningún repuesto de última generación conseguía corregir. De la misma forma cuando febrero acababa, la señal volvía a ser progresivamente la misma. Sin embargo, en la taberna, todos atribuían a casualidades, a la humedad, a mil razones más o menos normales, aquellos desvaríos. Aquella noche soñó con el barco: estaba revisando las cubiertas para dejarlo listo para el día siguiente y se llevó un susto mayúsculo al encontrarse de bruces con una anciana - falda y chaquetilla negras, un florido pañuelo sobre los hombros - sentada en la proa. No recordaba de qué hablaron la Tía Norica – así dijo llamarse – y él pues estuvo todo el tiempo observando unos hilos que salían de sus manos y se perdían en el cielo pero leyó en sus ojos un no sé qué de petición urgente. De repente, seguía el sueño, estaba al timón del Adriano y se internaba en una niebla brillante que tras una navegación larga y placentera empezaba a diluirse y al fondo se divisaba en horizonte unas formas redondas y brillantes, un pirulí largísimo y mil otros edificaciones blancas y de colores. ¿Unha taciña, dicen? Todos os cubertos vexo eu.” se dijo mientras contemplaba alucinado como alrededor del Adriano se formaba toda una festiva y ruidosa cabalgata de buques, barcas , peces y gaviotas y desde el cielo empezaban a llover papelillos y serpentinas alfombrando la mar a la entrada de la bocana de Cádiz. Cuando se despertó, se asomó a la ventana que daba al muelle y miró como cada noche de insomnio la esquina donde se mecía inquieto el que era quebranto de su descanso. A pesar de ello lo miró como Juan Ramón hubiera mirado a su Platero y si el de Moguer escribió de su asno que era “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera…”, él diría del Vaporcito que era “ coqueto, branco, mariñeiro; tan terco por dentro que se diría que é burro e non barco..” y se rió de su propio chiste. Se vistió lento a sabiendas de que la decisión ya estaba tomada y bajó cachazudo al muelle. Llegó hasta la amura derecha surcada por las arrugas de las estachas y desistió de saltar a bordo como para no despertar al mar. Con la maestría que dan miles de maniobras de atraque y desatraque solitarias libró los cabos de babor y popa y los lanzó dulcemente sobre la cubierta. Quizás fue fruto del impulso de una ola solitaria y provocadora pero el Vaporcito pareció temblar al verse libre y al patrón le pareció que cabeceaba de proa hacia el lugar donde él estaba, como despidiéndose. Luego, como hubiera hecho el burro universal, trotó más que navegar hasta el centro de la ría para coger la buena corriente que lo llevaría hacia la libertad. Cuando ya la fuga era un hecho irreversible, su ¡PAPARAPAAAAAA! sobresaltó el aire marinero. Xosé, así se llamaba, se restregó nuevamente los ojos. Ahora no soñaba y veía como compartían el timón dos hombres, uno vestido de negro todo, con una boina y otro con sombrero que tamborileaba los dedos sobre la bocina que comunicaba con la sala de máquinas. Y, lo que son las cosas, aunque el viento rolaba en la otra dirección, las primeras palabras de aquel diálogo de espectros fugitivos llegaron nítidas hasta donde estaba el piloto huérfano:
- ¡Ya le dije que la vieja lo convencería! Sur, suroeste, Pepe, picha, y en cuanto lleguemos a mar abierta, a costear Portugal hasta Cai y ligerito por su mare que en el Falla empieza ya lo bueno …. - Estése usted tranquilo, Don Paco, que las prisas nunca fueron buenas y este barco, al menos, conmigo al timón nunca llegó tarde….¿Cómo decía la copla esa que le escribió usted?” ¡ .. Vén a esta terra un barquiño..! Cántemela usted y verá como antes de que termine estamos viendo a proa la tacita…. - ¿Todavía no se la sabe usté y lleva cincuenta años escuchándola? ¡Como seis los gallegos!.. “ Viene a esta tierra un barquito, más típico…” LA TERCERA REVELACION. PREMIO AGUSTIN MERELLLO SOBRE CADIZ Y SU CARNAVAL, AÑO 2002I ( La profecía)
- ......hombres morenos y gruesos llegarán allende el mar para usurpar el trono del pueblo de las murallas... al año siguiente, Santidad, un niño salido del pueblo, vestido de soldado de la cruz llorará al pie del sitial robado mientras reencarnando muertos ilustres, locos fantasmas del pasado tomarán su lugar en el corazón de las gentes .... en el primer año del milenio tercero, Santidad, el niño pondrá sus ojos al pie del trono y , ciego, recobrará la soberanía robada a los suyos y , a la vez, cuatro decenas de bufones tronantes con impropios atuendos amarillos y rojos ocuparán un atril junto a los cantores más exquisitos. Después sólo restará que en el mes postrero del primer año capicúa , el más vil y pecador de los bufones comprenda y muera bajo la mirada inmóvil del tercero de los santos arcángeles, asesinado a manos de los que fueron sus iguales. Entonces, Santidad , según el mensaje de la Virgen, el día del Armagedón estará cerca y sólo el poder divino podrá evitar......
Un par de horas más tarde, apenas había cruzado la frontera de Portugal con su fingido séquito, Emilio se despojó de su tan inmaculado como falso hábito papal. Había sido tan fácil engañar a Lucía, aquella vieja monja casi ciega, la única sobreviviente de los tres pastorcitos que recibieron el anuncio mariano, que casi sintió vergüenza. Ahora conocía , mucho antes que el auténtico Juan Pablo, el tercero de los secretos que la Virgen había revelado en Fátima hacía casi un siglo. ¿Por qué lo había hecho? Ni él mismo lo sabía. Ignoraba qué era lo que le llevaba a meterse en continuos líos pero debía ser cosa de su genoma gaditano y chirigotero. Pensaba todo esto mientras subía por la calle Rosario en la noche de Nochebuena ,camino del sorteo del concurso de Agrupaciones que , por imperativo cuaresmal, caía ese año cómicamente cercano a las navidades. ¡Ya tenía preparado un cuplé muy irreverente sobre una niña de Bahía Blanca que se lo montaba de trío con el pastorcito cagón y la barbie malibú!. Se había fumado un Marlboro de Ketama en la plaza Candelaria y el humo azul le había llevado de nuevo aquellas misteriosas palabras de Lucía que nunca había conseguido descifrar. De pronto, esclarecido por el efecto del porro y por la visión de un trozo de cartel de la última edición del Festival “ Me río de Janeiro” , pareció que se le despejaban las incógnitas:
.- “.. ¡claro, eso es! .La comparsa de los gitanos-“ morenos, gruesos, venidos allende el mar”- ganó el concurso y... al año siguiente ...reaparecieron Pedro y los majaras..... encarnando a Alberti, recién difunto, y ....Martínez Ares , vestido de templario, lloró y sacó al año siguiente a los ciegos esos , ¿cómo se llamaban? y ganó. y los bufones amarillos son mi coro...y ...”.
¿Sería ese el significado del augurio? ¡Tonterías! El nunca había creído en esas cosas, ni había respetado a nadie; alcaldes y alcaldesas, pregoneros sacados de concursos televisivos, sevillanos, capillitas, sumos pontífices, los coristas , todos habían probado en algún momento la crueldad de su látigo satírico Aquel año preparaba una comparsa, “¡Mamá, quiero ser artista!”, para burlarse de “los más genuinos representantes del Carnaval de Cádiz”, los comparsistas . Su osadía le había granjeado nuevos enemigos y cada “bache” era un nido de confabulados ,pero él no se arredraría. Al llegar al Arco de San Rafael , sintió pasos y alguien le tocó en el hombro:
- “¡Libi”, dame fuego,” pisha!”. – escuchó decir a una voz en extremo conocida.
Al volverse , una chispa de intuición brilló en la noche a la vez que la llama de su encendedor y comprendió, fugaz e inútilmente, el significado del último renglón de la profecía. Se vio rodeado por un grupo de enmascarados que, “echampelados” de dos en dos y a ritmo de tres por cuatro, lo fueron apuñalando con sus libretos afilados. -¡Antonio!, ¡Juan Carlos!, ¡Joaquín!.- gritó en su agonía- Ismael...¿tú también, “pisha” mia?. Sus palabras rebotaron contra la puerta de madera que daba acceso a las bambalinas y su sangre al brotar hizo más roja la pared trasera de la casa de los ladrillos “coloraos”. El Joaquín citado se apartó para reflejar la metáfora del narrador y tomar en su libreta apuntes para un pasodoble. La profecía se cumplía. El día del Armagedón estaba cerca y Hércules, el único que podía evitarlo, estaba con neumonía desde que actuó con “Los Todopoderosos” en la calle La Palma. II( El despertar) El Yuyu miró el reloj y se sorprendió por la consistencia de aquel sueño que se le repetía desde que vio “ La maldición de Demian” y “El sexto Sentido” en la función doble del Cine Brunete. Luego se revolvió en su cama y pensó :” ¡Ya tengo tema para la chirigota del 2.002!” March 08 Por un 8 de Marzo peleón, complice y solidario!!!!
En las proximidades del día de la mujeres, siempre encuentro a alguien que me protesta diciendo " ¿ Y por que no un día de los hombres? ". Mis compañeras y yo mismo hemos tratado de responder a esa pregunta de mil maneras diferentes (discriminación positiva, reequilibrio de la historia, mala conciencia colectiva, etc...) pero hoy, se me ocurre que una reducción al absurdo podría ayudarnos a ver las cosas más claras. Si hubiera un día de los hombres este sería, por supuesto, festivo a efectos oficiales, laborales y escolares. O se celebra o no se celebra pero nada de ceremonias cuasi clandestinas, de coloquios justificativos de la fecha o de pequeñas fiestas en la intimidad. Si hubiera un día de los hombres, la fiesta seria cerrando la calle, ocupándola con ruidos y verbenas. Sería cosa de ver quien come más, quien bebe más, o quien la tiene más...... A gorrazos, por no decir cosas peores, correríamos de nuestros espacios festivos a las que no fueran del sexo celebrante. Si hubiera un día de los hombres sería , sin duda, una fiesta de los más machos, excluyente xenófoba de opciones sexuales y de vida que se apartan de la conducta mayoritaria. Si hubiera un día de los hombres seria un día de loas y alabanzas, de aplausos - que no de flores- a las estatuas ecuestres de los parques, pues hombres fueron los gobernantes, los militares, los papas, los conquistadores, los descubridores, los arquitectos, etc.... Pero la razón más evidente de esta negativa a celebrar un día es que ya nos otorgan 364 por el hecho nacer con un cromosoma Y. Alegrémonos, gustemos de que , al menos un día, otros valores tomen la vida y la calle. Y ese día es el 8 de Marzo, día de las mujeres. A modo de homenaje y coba, me he permitido adaptar este cuentecillo. Dicen que Aladino, al alcanzar la madurez, ya no pedía a su lámpara maravillosa riquezas ni poder. Cada año volvía a llamar al genio de la lámpara para solicitarle machaconamente: " Quiero ser más sabio, más justo, más inteligente". La ultima vez que lo llamo, el genio, cansado de sus demandas, le respondió: " De acuerdo. Serás el más sabio, el más justo y el más inteligente pero te advierto que te va a venir la regla cada veintiocho días".
Así pues, mujeres de mi vida , de mi pueblo y del mundo, adelante, un año más. January 01 Por un 2007 de solidaridad, justicia y amor - del de verdad, no del que venden en El Corte Inglés.
November 24 "Cuentos sin papeles"
November 22 25 DE NOVIEMBRE. CONTRA LA VIOLENCIA DOMÉSTICA….AIRE
Abre la ventana que avive la mañana el cuarto y la cocina
Aire. Abramos las ventanas y las puertas al aire. Al aire solidario y cómplice. Al aire por el que viajan las quejas y los gritos de las mujeres que viven torturadas, el mismo aire transparente que lleva los rostros de los torturadores del anillo de oro, la foto de las sonrisas y la firma en el registro civil.
Aire, pasa…
Que corra el aire y se lleve el silencio. Que estén abiertas las puertas y los corazones.
Aire nuevo…
Que el aire nuevo de este Noviembre de todas y todos llegué a sus rostros, alivie sus dolores – los del cuerpo malherido, los del alma rota- y sea su bálsamo de esperanza, el aire...
Aire, aire…
Aire que se lleve el humo negro de las palabras que hieren, la ceniza podrida de los contratos que de amor se dicen y ocultan deseos de propiedad.
Aire fresco….
Que traiga palabras nuevas : “futuro”, “presente” vida” “amor” ven” y arrastre al rincón de la basura los pensamientos rancios e insolidarios de “ algo haría” o “ no es asunto tuyo”
Aire…
Para la vida , aire; para el amor, aire; para las que sufren encerradas en una cárcel de silencio y dolor : aire y ventanas y puertas abiertas. Para todos y todas un 25 de Noviembre de aire fresco, de aire nuevo que lleve nuestros gritos de hastío hasta los oídos que ensordece la sangre; aire nuevo que borre de nuestros días y nuestros corazones la tentación de seguir sordos y ausentes al dolor de las mujeres , un solo minuto , un solo segundo más.
November 02 Dia de la Alfabetización, 8 de Noviembre. El año pasado os regalé la historia de Mercedes( La AAAAAAA) . Supongo que esta de hoy tambien os traerá recuerdos mágicos. ¡Salud y al tajo, que la labor no ha terminado!
¡Campaña sobre campaña!
Por su hora de emisión , “Cristal”, una de las teleseries más largas y famosas fue, durante mucho tiempo, un serio competidor de nuestra labor pedagógica. Mucha gente - matriculada o potenciales alumnos – decidía quedarse en casa para ver el ciclo de las vicisitudes interminables de aquella rubia regordeta en vez de en vez de venir a clase a calentarse la cabeza con tablas y dictados. Nosotros , ante la perspectiva de perder la clientela , la ilusión y por supuesto el puesto de trabajo, decidimos pasar a la ofensiva . Grabamos la canción que cada día anunciaba el comienzo y el final de la telenovela y la acoplamos a nuestra megafonía. Nos acercábamos en silencio a la plaza de cualquier barrio sobre las 10 ó las 11 de la mañana y tras aparcar en el centro le dábamos caña al aparato:
- ¡Perdona, , es que yo, caminaba por aquí.....!
Así comenzaba la bobalicona sintonía y , a su reclamo, de inmediato las ventanas de los bloques se poblaban de cabezas curiosas intentando descifrar aquella irrupción extrahoraria y extraordinaria de “Cristal “ en sus hogares.
- ¡Cristal, no estaría pasando las fatiguitas que ahora pasa si hubiera acudido al....Centro de Educación de Adultos!- interrumpíamos nosotros, saltando de esta acrobática manera desde la ficción televisiva a la vida de las “Julietas” que se asomaban a la plaza - ¡ Ven al Centro de Adultos! ¡Ahora tienes, la oportunidad de aprender a leer y a escribir ¡ ¡Pasa de notas como Luis Alfredo! ¡ Ven al Centro de Adultos!. A partir de aquí se oían risas por toda la barriada y aquel clima tan festivo nos abría muchas puertas y muchas mentes. Esta fue una de las anécdotas más divertidas de las que nos ocurrieron a lo largo de tanta campaña, pero, ....¡empecemos por el principio!.
Una de las diferencias más notables entre la Educación de Adultos y las demás modalidades educativas como la extinta EGB o las actuales Primaria y Secundaria, es la voluntariedad con la que nuestro alumnado asiste a las clases y demás actividades. La escolarización que la ley prescribe como obligatoria, como un deber de la sociedad y de los padres para con los niños , se convierte a partir de la mayoría de edad legal en una decisión del ámbito del libre albedrío individual. Si bien es cierto que esa voluntariedad constituye fundamentalmente una ventaja pues a la persona que se acerca se le supone el interés y la autodisciplina, también es cierto que de esa opcionalidad nace una de las dimensiones más laboriosas de esta modalidad educativa : la captación continua de alumnado.
Dado el perfil de las personas que asisten a nuestras clases, sobre todo su edad, suele ocurrir que sus propias carencias de instrumentos de lectoescritura y calculo no son vividas como un grave problema. La mayoría de las personas que “están analfabetas” – el analfabetismo es un estado transitorio cuando no es una actitud vital - consiguen suplir esas deficiencias con una aguda intuición , con una serie de mecanismos astutos para salir airosas de situaciones comprometidas evitando en todo momento ser engañadas.
Sin pretender disertar sobre lo que en pedagogía popular se llaman “ necesidades sentidas “ y “ no sentidas” , lo cierto es que el profesorado de Educación de Adultos debe emplear gran parte de su esfuerzo en diseñar campañas de captación que convenzan a las personas necesitadas de formación de que es posible superar esa carencia y que para ello deben para romper la inercia de la costumbre y dar el paso de acudir a las clases.
Las estrategias , unas diseñadas con esmero y otras apenas pergeñadas, han sido muy diversas. A lo largo de estos quince años hemos tocado todos los palos del cante y de la baraja. Ha habido campañas muy generales como las que se hacían al final de un curso o a comienzos del otro pretendiendo cubrir todas las bajas y vacantes producidas a lo largo de un año. A veces, por el contrario, se trataba de limitar la captación a un barrio o a una determinada franja de edad para llenar un grupo determinado o iniciar una particular experimentación curricular.
En cualquier caso, sea cual fuere el marketing utilizado, nunca hemos dejado de contar con la colaboración decisiva de las personas que ya eran alumnas. Ellas, artistas del boca a boca popular , profesionales de la subversión doméstica de la cultura, han sido y son las auténticas e irremplazables propagandistas de nuestro proyecto educativo.
Quizás la parte más ardua y difícil de estos lanzamientos publicitarios fuera llegar a las personas analfabetas por cuanto son las más refractarias a los reclamos publicitarios con texto. ¿ Como llegar con nuestra propaganda basada en la palabra escrita – pancartas, octavillas , carteles,..- justo a la gente para la que un reclamo de ese calibre es tan indiferente, tan incomprensible como pueda ser para un árabe un manual de calculadora en idioma japonés?.
Los grandes publicistas, en sus campañas de papel cuché suplen esta carencia con imágenes impactantes en las que juegan con símbolos y colores. Un amigo mío me contaba que en su pueblo todos los analfabetos, cuando llegaban las elecciones, sabían donde ponía “VOTA PSOE” por los colores, la forma y los rostros de tantísimo cartel fijado a la pared. Nuestra pobreza de medios nos dificultaba seguir tal ejemplo.
Una persona que no sabe leer es, según Perogrullo, físicamente igual que otra capaz de descifrar mensajes escritos. Sin embargo, cuando realizamos el acto más repetido curso tras curso en cualquier campaña de captación, el reparto de octavillas en el Mercadillo de los Martes, es casi posible, para la diestra pupila y el entrenado tímpano de un experimentado alfabetizador, distinguir la mirada como fría y el tono de voz disimulado con la que una presunta analfabeta te preguntará al recibir el papel: “¿Esto que es, muchacho?”. Es una mirada especial. que no se dirige al mensaje de papel sino al remitente, un favor que no se pide pero se necesita, una iluminada señal, una escondida clave que te hace cambiar el chip para dar la primera información, tan importante, a una potencial cliente.
Para romper esa incomunicación de toda una vida, esa clandestina enemistad con los papeles escritos, se hacía necesario encontrar una imagen, un logotipo, un reclamo que permitiera a la persona que no sabía leer , asociar ese papel que le dábamos con algo que tenía que ver con ella y que podía significar una mejora en su calidad de vida.
Y lo encontramos , ¡claro que sí, que lo encontramos!. Quizás lo recordéis. Se trataba de la recreación de una gigante huella dactilar de un dedo índice, y sobre ella un par de aspas de estas que se trazan sobre el cigarrillo para representar la prohibición de fumar. Debajo de la huella y las aspas, el eslogan que se haría tan famoso a fuerza de repetirlo cientos, miles de veces : ¡Esta no es tu firma!.
No fuimos nosotros , seguro, ni sé a ciencia cierta quien fue el autor o autora de aquella maravillosa idea pero, poco a poco, la fuimos copiando unos de otros y terminó corriendo como la pólvora entre los centros de adultos convirtiéndose , en poco tiempo, en la imagen más popular de la propaganda de la alfabetización en Andalucía.
Era tan humillante para la mayoría de nuestras alumnas el acto de manchar el dedo en el tampón y estamparlo al final de un documento para cobrar , para recibir o enviar telegramas, etc., que la imagen – negra tinta sobre blanco papel- les recordaba inmediatamente su carencia. De alguna manera el panfleto con aquella huella gigante tenía algo que ver con su vida, con su situación. Además buscábamos la complicidad del hijo o de la hija lectores yendo a su corazón con frases como : “La persona que nos necesita, hoy no podrá leer este anuncio. ¡Ayúdale tú! “. Sin la connivencia explícita de muchas familias y vecinos no habríamos conseguido , siquiera, empezar nuestra labor. En aquellos tiempos , muchas alumnas camuflaban su vergüenza por ir a la escuela diciendo que iban a la academia de corte y dejando asomar del bolso donde escondían libretas y lápices, una enorme regla de madera, fraudulenta y equívoca evidencia de un supuesto aprendizaje en el dibujo de los patrones de la costura.
Otros cómplices necesarios e importantes fueron los funcionarios de ayuntamientos y juzgados pero , sobre todo, los empleados de las cajas de ahorros donde los mayores cobraban su pensión. Dejábamos en aquellos sitios, un montón de hojas de propaganda del Centro. y cuando la funcionaria o la cajera diagnosticaban a la persona que pedía el tampón para firmar alegando “ me he dejado las gafas en casa” , “ me acabo de poner las gotas de los ojos” , le sugería suavemente, dándole nuestra propaganda, que ya había un sitio donde las personas mayores podían aprender a firmar por si la interesada “conocía a alguien” que lo necesitara. Fueron más de una, de dos y de tres las personas que llegaron a nosotros por ese sistema.
Lo fundamental era romper el hielo de la inercia ( ¡Yo no quiero ir a ningún sitio!), la costumbre ( ¡Yo no necesito aprender nada ¡) y la baja autoestima (¡Yo soy incapaz de aprender ¡). Si conseguíamos llegar a la persona y tener con ella un par de minutos para explicarle como trabajábamos , ya teníamos la mitad del camino hecho. Para ello, cada grupo organizaba sus propias meriendas y se invitaba a vecinas y amigas para poderlas convencer “ in situ”
Usábamos con frecuencia la radio insertando cuñas publicitarias cuando nuestra modesta economía nos lo permitía o, en su defecto , como ocurría en la mayoría de los casos, yendo al estudio de las emisoras locales con un grupo de alumnas significativas ( las más jóvenes, las más mayores, las que habían partido de cero, las que habían vuelto tras muchos años, etc..) que narrando su experiencia transmitían el necesario pellizco motivador a las oyentes.
Contagiados sin duda por los medios propagandísticos que usaban los partidos políticos en sus campañas de captación de votos usábamos sus mismos medios.... con excepción de los mítines. Así, un día nos decidimos a hacer megafonía por los barrios y calles céntricas de El Puerto. Pedíamos prestado el equipo técnico a veces al PCE y otras a CCOO o al PSA. Lo montábamos en el coche de Pepe o de Tere y nos lanzábamos, día si y día también, a la calle con nuestro machacón mensaje: -¡Ven al Centro de Adultos! ¡Ahora tiene la oportunidad de aprender a leer y a escribir!- alborotaban nuestras bocinas , mientras repartíamos en mano propaganda por los alrededores de la Plaza de Abastos. Mas adelante ampliaríamos nuestro mensaje para dar cabida en él a otro tipo de enseñanzas como el Certificado de Estudios Primarios o el Graduado Escolar,. pero en aquellos inicios nos interesaba dar un mensaje corto y certero como aquél de “ Tres tabletas, veinte duros “ o el de “Vota Centro, vota Suarez, vota libertad!.
La verdad es que este sistema nos daba mucho resultado quizás porque sonaba a libertad de expresión recién estrenada . Apenas llevábamos cinco años de constitución y en el eco de los pasillos del congreso todavía rebotaba el recuerdo del vocerío fascista de Tejero y sus secuaces . Al reclamo de nuestro mensaje se acercaban infinidad de personas a la ventanilla del coche , aunque también es cierto que nos solían confundir con " el del turrón” o con “el colchonero-lanero” pues la megafonía de furgoneta era el recurso de marketing preferido por los vendedores ambulantes.
Todavía no habían parecido las televisiones privadas y mucho menos “El gran Hermano” . Aquellos eran los años de la televisión publica - la 2, el UHF como se le llamaba entones aun no llegaba a todos los hogares- y del boom de las telenovelas latinoamericanas. En este contexto ocurrió la aventura que conté para enganchar con este relato , la utilización fraudulenta de una sintonía televisiva para ganar la atención de las vecinas. Y fue una estrategia exitosa , no cabe duda. Tras el impacto de la provocación musical, se formaban corrillos de conversación en los que era fácil dejar nuestro mensaje y de los que saldrían , sin duda, nuevas incorporaciones posteriores. Por parejitas, como los mormones o los Testigos de Jeovah - y provocando más de una confusión en este sentido- recorríamos los bloques, puerta a puerta, entregando nuestro reclamo publicitario.
En la actualidad, y aunque nuestras alumnas siguen siendo las mejores publicistas han aparecido nuevas figuras colaboradoras .Son los médicos de cabecera y los equipos de salud mental que nos utilizan como recurso para aliviar depresiones , síndromes menopaúsicos y como terapia alternativa para aquejadas del “nido vacío”, esa amarga angustia que devora a muchas mujeres cuando el último pajarito familiar levanta el vuelo o cuando los seres más queridos se embarcan en el viaje más postrero, universal y obligatorio.
Pero, siguiendo con nuestro relato, después de aquellas primitivas campañas de los carteles con la huella, la radio y el puerta a puerta , hubo una etapa en la que se desarrollaron las televisiones locales y los centros de Adultos nos agarramos a ellas como a un clavo ardiendo para utilizarlas como reclamo.
En El Puerto la primera emisora local que se montó , el canal 21, es la que con más cariño recuerdo. Era muy novedoso ver la tele y en ella todos los actos de Carnaval , Navidad o Feria que se desarrollaban nuestra localidad tan alejada siempre de los circuitos de la televisión pública. Hasta entonces nuestra ciudad sólo había gozado de cierta notoriedad televisiva cuando se fugó ,herido y muerto de hambre, “El Lute” . Gracias al fantasmagórico relato que de su huida hicieron los medios de comunicación nacionales, los niños de El Puerto pasamos una decena de noches sin dormir , esperando verle aparecer “con una capa negra” y un cuchillo enorme, a la vez que el pobre Eleuterio compartía nuestra vigilia y nuestro terror subido a un árbol – como supimos después- , esquivando las parejas de picoletos. También fue temporalmente célebre nuestra localidad cuando “El Arropiero” se comió en sus calabozos, todos los marrones que la ineficaz “brigadilla” le atribuyó para darle un aura de psicópata , de asesino en serie, a quien ,el tiempo demostraría , sólo era un pobre e infeliz demente. Por primera vez veíamos a la gente sencilla y normal del Puert | |||||||||||||||||||